¿por dónde empezar?
¿Por el placer de la noche que se roba el sueño? o ¿por el poder de mis dedos que asaltan las letras para calmar la garganta muda?, empecemos pues por el silencio y la noche que me traen a casa.
Dejé la fluidez de las letras que con su ritmo acomodaban mi sentir, las dejé para crecer en un mundo loco de reconocimiento y presunción, en ocasiones volvía, pero mis dedos mudos y torpes no decían nada, -me dediqué a vivirte sin juicios-, así que esperé hasta tener la calma y el valor para mirarme desde mi ventana.
Después de "partirle en el padre-madre" a la vitrina que me mantenía hábilmente protegida, me dediqué a amar entera, aprendo a negociar, a ceder, a mostrarme imperfecta, a soltar el control, como dice la baby "pian pianito".
En casi tres años, he aprendido a cumplir mis expectativas, mis deseos, ¡renuncié a hacer
lo correcto, a buscar siempre
la vida perfecta!. Y así fue que con la mano en el pecho me solté a este sueño de
ser equipo, de ser tu compañera.
Aunque no siempre ha sido miel sobre hojuelas, mi vida se llenó de una cotidiana felicidad, de una nueva familia, de risas que doblan de dolor, de chiqueos, y de un extraño miedo a perderlo, a perderte.
Supongo el miedo me hace andar con cautela, me hace callar y observar primero, paso por filtros tus palabras, trato de entender para no quedarme con la sensación de vulnerabilidad, para no sentir, para no ver más allá.
Así es como empiezo, volviendo al centro