miércoles, 5 de febrero de 2020

Carta cuatro. Quiéreme



Quiéreme triste, 
quiéreme rota, 
quiéreme con el rostro mojado 
y aunque parezca loca.

Quiéreme aún cuando no nos salgan las palabras, 
y a veces reine el silencio. 
Quiéreme aunque vuelva al pasado de vez en cuando y me pierda armando planes,
tú por favor, sólo quiéreme.

Quiéreme abrazado a tu armadura, enredado en tus miedos, pero quiéreme.  
Aunque no seamos los mismos,
a pesar del dolor y de nuestras formas de sanar
amor mío, quiéreme.

Carta tres




Jodida
Somnolienta 
Desvelada. 

Es un horror apagar la tele, y verme, sentirme perdida, sola. Una soledad distinta, una que no conocía, una que cala en las esquinas, una que me hace sentir pena, culpa, miedo,  creo que es desolación.

Lloro por las noches, como si el alma gritara de dolor y de ahogo. No sé cómo me hice esto, por qué lo creo, y siento turbia la cabeza y abollado el corazón.

Tengo algo que decirte, es algo como una confesión, por las noches no duermo, y no dejo de hacerme sentir mal, me siento tan poca cosa, tan mugre y me aprieta la casa y quiero salir corriendo y quiero llorar y quiero parar, pero no puedo. 

Fantaseo con guardarme en una esquina del closet y no salir, que nadie me vea, quisiera no estar y no cargar conmigo. Busco tus brazos esperando encontrar un refugio, pero me regreso con puchero tragándome los mocos, porque no es tiempo de llorar, porque no tengo derecho, porque es mi culpa, yo me hago esto y no sé cómo.

También quisiera correr y estrellarme contra la pared, romperme la cabeza como a un huevo

jueves, 16 de junio de 2016

Carta dos

De nuevo la noche me trae,
ella y tus palabras.

De nuevo aquí para soltar,
para decir, sin decirte
como me dueles.

Aquí por cobarde,
quizás por sufrida,
pero "aquí" después de llorar.

Cual niño tiras la piedra,
¡jugando!
contando lastimando 
sin querer,
pero le atinas,
sabes a dónde apuntar.

Pienso en como dejarlo pasar,
escribo para olvidar,
organizo el reclamo,
bebo té,
medito,
pero
como una bala hiere,
y solo queda, sanar.






viernes, 19 de febrero de 2016

Carta uno

¿por dónde empezar?

¿Por el placer de la noche que se roba el sueño? o ¿por el poder de mis dedos que asaltan las letras para calmar la garganta muda?, empecemos pues por el silencio y la noche que me traen a casa.

Dejé la fluidez de las letras que con su ritmo acomodaban mi sentir, las dejé para crecer en un mundo loco de reconocimiento y presunción, en ocasiones volvía, pero mis dedos mudos y torpes no decían nada, -me dediqué a vivirte sin juicios-, así que esperé hasta tener la calma y el valor para mirarme desde mi ventana.

Después de "partirle en el padre-madre" a la vitrina que me mantenía hábilmente protegida, me dediqué a amar entera, aprendo a negociar, a ceder, a mostrarme imperfecta, a soltar el control, como dice la baby "pian pianito".

En casi tres años, he aprendido a cumplir mis expectativas, mis deseos, ¡renuncié a hacer lo correcto,  a buscar siempre la vida perfecta!. Y así fue que con la mano en el pecho me solté a este sueño de ser equipo, de ser tu compañera.

Aunque no siempre ha sido miel sobre hojuelas, mi vida se llenó de una cotidiana felicidad, de una nueva familia, de risas que doblan de dolor, de chiqueos, y de un extraño miedo a perderlo, a perderte.

Supongo el miedo me hace andar con cautela, me hace callar y observar primero, paso por filtros tus palabras, trato de entender para no quedarme con la sensación de vulnerabilidad, para no sentir, para no ver más allá.

Así es como empiezo, volviendo al centro